miércoles, 8 de mayo de 2013

IMAGINARIO DE ÁLVARO VALVERDE


Lo que va a continuación titulado IMAGINARIO se encuentra en el libro editado por La isla de Siltolá, colección Arrecifes, del poeta placentino Álvaro Valverde, titulado UN CENTRO FUGITIVO, Antología Poética (1985-2010). 

Quizás no sea este el momento mas oportuno para citarlo, ya que la primavera está en su máximo esplendor y nuestros campos no se parecen en casi nada a lo que aquí nos cuenta el poeta. Pero llegará el verano y lo agostará todo y, aun así, somos muchos, los que como Álvaro Valverde, amamos estas sequedades. 

                  I
Amo ésta sequedad.

Vastos campos ardiendo
bajo el tórrido sol
de las siestas de agosto.

Laminas amarillas
reverberando
como espejismos.

Extensiones de encinas
a la luz destellante
de las dehesas.

                II

Otra vida secreta está ahí,
bajo las piedras abrasadas,
por entre las retamas.

Ese es el reino oscuro
del sombrío alacrán.

El luminoso
del lagarto ocelado,
que bebe el sol candente
sobre las rocas.

               VI

Amo la sequedad.

Es una mancha
que se adhiere indistinta
a la propia mirada
y produce en el alma
un estado sereno.

Es como un filtro ocre
que tiñe cuanto vemos
del color de las cosas
que de veras importan.

Es la clara noticia
de la ora ladera:
donde ocurren sucesos
que carecen de nombre.

               VII

Sobre el yermo collado
(que observo con asombro
desde esta encrucijada)
un árbol solo.

               XII

Apenas unos charcos
permiten a las nubes
reflejarse en la tierra.

Más allá, en aquel pozo,
alguien espera en vano
ver nuevamente el cielo.

              XIV

Los árboles levantan
sus ramas hacia el cielo.

Ni una hoja, ni un fruto,
que ofrecer a los dioses.

               XX

A modo de inventario,
mis motivos: los castaños,
que igual que las higueras
siempre pinto sin hojas y desnudos.
Las encinas, que no pocos confunden
con esos imponentes alcornoques
que rodean los sueños de mi infancia.
Los olivos, que son la levedad
de estos parajes.
Y, cómo no, las viñas,
también siempre peladas y sin fruto.
Y las retamas (muy rara vez en flor).
Y, al cabo, los rastrojos.
Mis temas, ya lo veis,
son los residuos, cuanto queda
del paso fugitivo de la vida.

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